Hoy no quiero venir a contaros lo de siempre.
Como habéis podido comprobar cada vez que os transmito mi vida en estas líneas, mi vida parece un lugar totalmente lóbrego, un Picasso, El Guernica para concretar.
Falta que os cuente que se me ha muerto el perro para crear la mejor canción Country de la historia.
Pero hoy, después de mucho tiempo en la sombra, de desaparecer de este mundo blogger durante bastante tiempo, ha vuelto mi inspiración, todo a partir de ese supuesto lugar lóbrego y terrorífico.
Pero hoy nada es oscuro, nada es aterrador y ni mucho menos es un infierno. Hoy quiero arrojar algo de luz a la oscuridad, o simplemente ver positividad en lo oscuro.
No se lo que es posiblemente el verdadero sufrimiento, el dolor más agudo, la tortura que más me haga agonizar o la mayor perdida posible, pero no necesito ser el que más sepa, sino el que sepa de verdad sobre mi mismo, de mi mundo, de mis daños y de mis heridas, de los actos y sus consecuencias y sobre todo, del hoy después del ayer en mi vida.
Me he enamorado, me he enfadado, he olvidado o se han olvidado de mi, me han hecho daño y yo también lo he hecho, he odiado y me odiaran y cada una de esas cosas no ha sido más que una herida más en mi alma con cicatrización a corto o largo plazo.
Hay gente que siempre ha querido mantenerse intacta, impoluta, pulcra hasta el final sin haber arriesgado nunca, sin haber perdido para conocer el sabor del suelo a parte de el del cielo.
A mi me gustan mis cicatrices.
Llamadme masoquista, si así lo queréis, así lo seré pero me gusta.
Cicatrices en mi alma como si recorrieran mi espalda de arriba abajo. De las más pequeñas a las más grandes y terroríficas, pero no en mi cuerpo, sino en mi alma.
Si quieres conocer la verdad acerca de una persona, su historia, su realidad, hay que saber mirar dentro de sus ojos y leer su alma.
Y al final, quiero que miren dentro de mi y que vean cada historia, cada fallo, cada error y cada acierto. Que vean mis cicatrices, aquellas que cuentan mil historias diferentes y mil moralejas.
Que vean mi ayer para entender el porque soy yo hoy así y que vean la herida abierta y sangrante, para que sepan también que necesita este hombre.
Porque no es sólo una historia, es una herida a curar y nada la cura mejor que una persona.
Equivócate, falla, llora, cáete hostia y no te arrepientas de ello.
Sé tú con todas las consecuencias y su debido sufrimiento.
Yo tengo ganas de ese próximo error o paso en falso. Ya tengo 1000 historias para contar, unas mejores y otras peores pero al final del camino, cuantas más historias, más que contar, más aprendido, más yo.
Así que si tienes cicatrices acuérdate que no son unas simples marcas, que es lo que te hace ser tú, lo que te acerca a la gente que te a curado.
Busca tus curas y añade lineas al libro de tu vida.
Que al final se vea que la vida es una guerra, que nos ha dado la metralla de cada explosión pero nos hemos mantenido firmes y como todo héroe de guerra, nosotros también tenemos nuestro reconocimiento, el orgullo de ser nosotros mismos y no lo que pudimos ser.
Vamos a por la 1001, que aquí son unos años, pero después es una eternidad y no está mal que nuestro alma se lleve unas cuantas historias que contar.
