martes, 22 de marzo de 2016

El libro de la vida.

Hoy no quiero venir a contaros lo de siempre.
Como habéis podido comprobar cada vez que os transmito mi vida en estas líneas, mi vida parece un lugar totalmente lóbrego, un Picasso, El Guernica para concretar.
Falta que os cuente que se me ha muerto el perro para crear la mejor canción Country de la historia.
Pero hoy, después de mucho tiempo en la sombra, de desaparecer de este mundo blogger durante bastante tiempo, ha vuelto mi inspiración, todo a partir de ese supuesto lugar lóbrego y terrorífico.
Pero hoy nada es oscuro, nada es aterrador y ni mucho menos es un infierno. Hoy quiero arrojar algo de luz a la oscuridad, o simplemente ver positividad en lo oscuro.
No se lo que es posiblemente el verdadero sufrimiento, el dolor más agudo, la tortura que más me haga agonizar o la mayor perdida posible, pero no necesito ser el que más sepa, sino el que sepa de verdad sobre mi mismo, de mi mundo, de mis daños y de mis heridas, de los actos y sus consecuencias y sobre todo, del hoy después del ayer en mi vida.
Me he enamorado, me he enfadado, he olvidado o se han olvidado de mi, me han hecho daño y yo también lo he hecho, he odiado y me odiaran y cada una de esas cosas no ha sido más que una herida más en mi alma con cicatrización a corto o largo plazo.
Hay gente que siempre ha querido mantenerse intacta, impoluta, pulcra hasta el final sin haber arriesgado nunca, sin haber perdido para conocer el sabor del suelo a parte de el del cielo.
A mi me gustan mis cicatrices.
Llamadme masoquista, si así lo queréis, así lo seré pero me gusta.
Cicatrices en mi alma como si recorrieran mi espalda de arriba abajo. De las más pequeñas a las más grandes y terroríficas, pero no en mi cuerpo, sino en mi alma.
Si quieres conocer la verdad acerca de una persona, su historia, su realidad, hay que saber mirar dentro de sus ojos y leer su alma.
Y al final, quiero que miren dentro de mi y que vean cada historia, cada fallo, cada error y cada acierto. Que vean mis cicatrices, aquellas que cuentan mil historias diferentes y mil moralejas.
Que vean mi ayer para entender el porque soy yo hoy así y que vean la herida abierta y sangrante, para que sepan también que necesita este hombre. 
Porque no es sólo una historia, es una herida a curar y nada la cura mejor que una persona.
Equivócate, falla, llora, cáete hostia y no te arrepientas de ello.
Sé tú con todas las consecuencias y su debido sufrimiento.
Yo tengo ganas de ese próximo error o paso en falso. Ya tengo 1000 historias para contar, unas mejores y otras peores pero al final del camino, cuantas más historias, más que contar, más aprendido, más yo.
Así que si tienes cicatrices acuérdate que no son unas simples marcas, que es lo que te hace ser tú, lo que te acerca a la gente que te a curado.
Busca tus curas y añade lineas al libro de tu vida.
Que al final se vea que la vida es una guerra, que nos ha dado la metralla de cada explosión pero nos hemos mantenido firmes y como todo héroe de guerra, nosotros también tenemos nuestro reconocimiento, el orgullo de ser nosotros mismos y no lo que pudimos ser.
Vamos a por la 1001, que aquí son unos años, pero después es una eternidad y no está mal que nuestro alma se lleve unas cuantas historias que contar.

viernes, 4 de septiembre de 2015

El viajero que nunca lo fue.

Y yo os pregunto, ¿qué es viajar?. Pregunta fácil diréis, pero yo opino lo contrario.

Hace tiempo mis pensamiento me hubiera hecho opinar de la misma manera que vosotros. Viajar, moverse a otro sitio, traslación en el espacio, cambio de aires… Pero ¿Y si no fuera sólo eso?

Todo esto cambió el día que me encontré con un hombre, otra persona cualquier con sus facciones cualquiera, sus rasgos simples y su aspecto desapercibido, pero él, tenía algo.

Hablé con él y me contó su historia. No os imaginéis el mítico vagabundo que cuenta fabulas a cambio de un baño con esponja, no, este hombre solo buscaba eso, narrarme.

Y comenzó, tachándose a si mismo como un viajero que nunca lo fue.
Empezó a hablarme de donde había estado, lugares que había visitado, recuerdos que traía de aquellos parajes…

Pensé que me hablaría de una Torre Eiffel, unas pirámides de Egipto o de alguna copa exótica que le habían servido en algún lugar del Caribe pero, fue algo totalmente diferente y mucho más complicado.

Me habló de visitas al Infierno sin realizar pecado, de la existencia de ese paraíso que hay en el cielo, pero en vida y sin un Dios, de ascensos a montañas más altas que el Monte Olimpo de Marte, montañas rusas más grandes que cualquier parque de atracciones conocido, pozos más profundos que la Fosa de las Marianas… Me habló de visitar la nada como si perdido en medio de el espacio infinito se encontrara pero rodeado de cientos de personas e incluso de una cárcel peor que Alcatraz sin haber cometido delito alguno… Batallas peores que las cruzadas pero siendo él, el único miembro de su ejército. De demonios, de ángeles, espejismos y oscuridad.

Comencé a pensar que ese hombre estaba loco e incluso me dieron ganas de salir huyendo pero tenía una duda que me carcomía el alma de curiosidad y llegó incluso a hacerme gracia, hasta que la formulé.

No había hablado de un transporte, un billete ni nada que le permitiera llegar a esos sitios y le pregunté, que como había llegado a esos lugares con los que tanta gente sueña y otros tienen tantas pesadillas, ¿cuál era su secreto?

Me desconcertó su reacción. Un risa pequeña pero que para el parecía significar algo y para mi aún no tenía sentido pero acabó teniéndolo.
Después de reírse, sacó su cajeta de Winston, se metió un cigarro entre los labios y prendió con un Zippo una buena dosis de nicotina, y comenzó otra vez a hablar.

“Yo no te he dicho que haya salido de mi ciudad, de mi pueblo, de mi localidad, nunca he comprado un billete, nunca me he montado en un avión en ninguno de estos viajes, no he conocido gente de otra nacionalidad ni me he sacado fotos aguantando una torre inclinada. Te he dicho que soy un viajero que nunca lo ha sido porque nunca lo he deseado. He sido un pasivo. Y te preguntarás, ¿de qué me habla este loco y que pretende con esto? Pues te hablo de los sentimientos. Los sentimientos me han hecho viajar. Me han llevado a lo más alto de la vida en volandas para luego tirarme montaña abajo, dejándome solo y a la intemperie teniendo que iniciar mi ascenso en solitario y desnudo. Me han hecho montar en montañas rusas que me han llevado desde el agujero más profundo hasta lo que nunca crees alcanzar. Me he encontrado en pozos, peores que tumbas sin y nada que me ayudara a salir, solo mis manos. Visité mi propio infierno de mano de mis desdichas y el paraíso del que tantos hablan, cuando sueltan por su boca la palabra amor. Surque mares que yo mismo creé con mis lágrimas y vagué por desiertos llenos de espejismos que yo sequé con mi ira. Luché contra mis demonios y me encarcelé a mi mismo tirando la llave, teniendo que quebrantar mis grilletes y todo únicamente por sentir. De tu pueblo al de al lado hay unos kilómetros, del infierno al cielo en vida, un sentir.”

Quedé paralizado, de hielo, sin poder hacer un movimiento. Aquel hombre se dio la vuelta, echó la ultima calada de su cigarro y lo tiro. A continuación solo dijo dos palabras:

“De nada.”


Se dio la vuelta y mi piel se puso blanca como la nieve al mirarle a la cara y ver mi rostro en el. Todo se volvió oscuro. Parpadeé y aparecí en mi cama, hiperventilando, sudando, sufriendo, sintiendo… Todo fue un sueño pero también algo que me abrió los ojos. Hablaba de mi, de mi realidad. Me había hecho sentir algo, me hizo viajar a algún sitio.

domingo, 26 de abril de 2015

Decepciones.

La vida es un camino de rosas, aunque a veces las rosas pinchan. Eso es lo que mis vivencias me hicieron decir en su momento y cada día que pasa me creo más que mis palabras nunca van a cambiar.
Esas espinas nos atraviesan el alma, no para acabar con nosotros sino para dejarnos heridos e inútiles para disfrutar de nuestro sufrimiento. Que fácil seria acabar con todo rápido, ¿verdad?. Pero no, no ha sido, no es y, por supuesto, no será el caso.
Ojalá esas púas no fueran unas de mis metáforas, pues prefiero curar antes mi sangre que mis sentimientos y por desgracia a la vida no le importan mis preferencias, ni a ella, ni a las púas, las personas.
He querido a gente que prefirió acabar odiándome, he dado todo por gente que su plan era solo quitarme. He perdido mi inocencia, mi pureza y si, con eso he madurado, pero ha sido tanto con daños como con años ya que una, siempre conllevará la otra. He sufrido en silencio y a gritos, he echado de menos y sigo haciéndolo. Me hicisteis dudar y ahora vivo en subjuntivo. Me hice una coraza que me hizo intocable, pero me dejó sin salida.
Aún así, haciéndome de piedra o diamante, seguí sintiendo, seguí queriendo, seguí esperando... Puede que el mayor arma de un hombre sean sus palabras pero nuestro mayor punto débil son los sentimientos. Dime que es sentir si no es acabar sufriendo. Dime que es sufrir si no es tu alma rota por un ajeno. Dime con que te rompen si no es decepcionándote.


Perdón por abandonar a cada uno de  los que siguen este blog pues necesitaba inspiración y la misma fué una decepción. Podría escribiros lo primero que se me pasara por la cabeza o lo que cené ayer pero en esas cosas todos somos iguales y lo que busco es profundizar en mi diferencia. No pretendo relataros una vida sino lo aprendido en ella porque si la vida fuera ecuación, no tiene solución ni sentido hasta hasta que despejas las incógnitas de uno mismo.
Quiero dar las gracias a cada uno de los que ha compartido mi blog, a cada lector de esos 10 países a los que he llegado y que para mi, sin salir de mi habitación, ya he conquistado.
Y un especial agradecimiento a Andrea G. F. porque muchas de mis inspiraciones son gracias a todo lo hablado en un pasado con ella además de que ella me metió la patada en el culo que empujó todo esto hacia arriba. 
Gran directora, pero mejor amiga de astronauta.

sábado, 30 de agosto de 2014

Existe.

Cada uno somos lo que ningún otro podrá ser jamás. Cada segundo que pasa puede que vivamos más que ningún otro, o que nuestro camino se acabe antes que nadie. Debemos valorar que vida tenemos una, que tenemos que ser nosotros pero hay que exprimir cada segundo, cada inspiración como si fuera nuestra última bocanada de aire. Tenemos que vivir luchando por hacer cada momento inmejorable, por saciar las ganas de vida, por mantener la paz entre la exigencia de nuestro sentimiento y la acción de nuestro cuerpo. Cada paso que demos, pisar donde queramos y cuando queramos porque podemos. La libertad no existe pues sólo somos libres de vivir y de morir, aprovechemos la primera. No vivas rápido, vive plenamente, llénate a ti mismo. Cuando recorres un trayecto, lo haces por algo, da igual el que pero su razón tiene. Vive, existe y recorre todos los trayectos que te propongas a lo largo de tu historia en uno sólo. No hagas que te recuerden por un logro, haz que te recuerden por una vida. No luches por conseguir algo, lucha por vivir algo.

viernes, 6 de junio de 2014

Desapercibido

Como un segundo.
No piensas en el, no lo deseas, o puede que lo ansíes, pero ocurre.
Un segundo, algo ínfimo que marca la diferencia entre tiempos, que repercute en ti con la vejez, que consume la vida.
Algo sin importancia aparente pero algo imparable, destructivo, algo sin fin.
Algo de tal calibre que aún así, pasa desapercibido.

jueves, 5 de junio de 2014

"Tic, tac..."

 Una contrarreloj en busca de la felicidad, que solo queremos ver como una frenética cuenta atrás: la vida.
Aquí el último segundo, es tu último suspiro. 
Pretendemos ganarla pasándonosla preparando el cementerio y eso, es quedar segundo y los segundos, son los primeros de los perdedores.