viernes, 4 de septiembre de 2015

El viajero que nunca lo fue.

Y yo os pregunto, ¿qué es viajar?. Pregunta fácil diréis, pero yo opino lo contrario.

Hace tiempo mis pensamiento me hubiera hecho opinar de la misma manera que vosotros. Viajar, moverse a otro sitio, traslación en el espacio, cambio de aires… Pero ¿Y si no fuera sólo eso?

Todo esto cambió el día que me encontré con un hombre, otra persona cualquier con sus facciones cualquiera, sus rasgos simples y su aspecto desapercibido, pero él, tenía algo.

Hablé con él y me contó su historia. No os imaginéis el mítico vagabundo que cuenta fabulas a cambio de un baño con esponja, no, este hombre solo buscaba eso, narrarme.

Y comenzó, tachándose a si mismo como un viajero que nunca lo fue.
Empezó a hablarme de donde había estado, lugares que había visitado, recuerdos que traía de aquellos parajes…

Pensé que me hablaría de una Torre Eiffel, unas pirámides de Egipto o de alguna copa exótica que le habían servido en algún lugar del Caribe pero, fue algo totalmente diferente y mucho más complicado.

Me habló de visitas al Infierno sin realizar pecado, de la existencia de ese paraíso que hay en el cielo, pero en vida y sin un Dios, de ascensos a montañas más altas que el Monte Olimpo de Marte, montañas rusas más grandes que cualquier parque de atracciones conocido, pozos más profundos que la Fosa de las Marianas… Me habló de visitar la nada como si perdido en medio de el espacio infinito se encontrara pero rodeado de cientos de personas e incluso de una cárcel peor que Alcatraz sin haber cometido delito alguno… Batallas peores que las cruzadas pero siendo él, el único miembro de su ejército. De demonios, de ángeles, espejismos y oscuridad.

Comencé a pensar que ese hombre estaba loco e incluso me dieron ganas de salir huyendo pero tenía una duda que me carcomía el alma de curiosidad y llegó incluso a hacerme gracia, hasta que la formulé.

No había hablado de un transporte, un billete ni nada que le permitiera llegar a esos sitios y le pregunté, que como había llegado a esos lugares con los que tanta gente sueña y otros tienen tantas pesadillas, ¿cuál era su secreto?

Me desconcertó su reacción. Un risa pequeña pero que para el parecía significar algo y para mi aún no tenía sentido pero acabó teniéndolo.
Después de reírse, sacó su cajeta de Winston, se metió un cigarro entre los labios y prendió con un Zippo una buena dosis de nicotina, y comenzó otra vez a hablar.

“Yo no te he dicho que haya salido de mi ciudad, de mi pueblo, de mi localidad, nunca he comprado un billete, nunca me he montado en un avión en ninguno de estos viajes, no he conocido gente de otra nacionalidad ni me he sacado fotos aguantando una torre inclinada. Te he dicho que soy un viajero que nunca lo ha sido porque nunca lo he deseado. He sido un pasivo. Y te preguntarás, ¿de qué me habla este loco y que pretende con esto? Pues te hablo de los sentimientos. Los sentimientos me han hecho viajar. Me han llevado a lo más alto de la vida en volandas para luego tirarme montaña abajo, dejándome solo y a la intemperie teniendo que iniciar mi ascenso en solitario y desnudo. Me han hecho montar en montañas rusas que me han llevado desde el agujero más profundo hasta lo que nunca crees alcanzar. Me he encontrado en pozos, peores que tumbas sin y nada que me ayudara a salir, solo mis manos. Visité mi propio infierno de mano de mis desdichas y el paraíso del que tantos hablan, cuando sueltan por su boca la palabra amor. Surque mares que yo mismo creé con mis lágrimas y vagué por desiertos llenos de espejismos que yo sequé con mi ira. Luché contra mis demonios y me encarcelé a mi mismo tirando la llave, teniendo que quebrantar mis grilletes y todo únicamente por sentir. De tu pueblo al de al lado hay unos kilómetros, del infierno al cielo en vida, un sentir.”

Quedé paralizado, de hielo, sin poder hacer un movimiento. Aquel hombre se dio la vuelta, echó la ultima calada de su cigarro y lo tiro. A continuación solo dijo dos palabras:

“De nada.”


Se dio la vuelta y mi piel se puso blanca como la nieve al mirarle a la cara y ver mi rostro en el. Todo se volvió oscuro. Parpadeé y aparecí en mi cama, hiperventilando, sudando, sufriendo, sintiendo… Todo fue un sueño pero también algo que me abrió los ojos. Hablaba de mi, de mi realidad. Me había hecho sentir algo, me hizo viajar a algún sitio.